El mapa es el instrumento por excelencia de la soberanía, ya que nombrar un territorio es poseerlo. Esta pieza no toca una bandera, ave o prócer aislado, más bien sustituye el país entero, estado por estado, por una cartografía con apellido ajeno al nombrar lingüísticamente Bolifornia, Apure York, Guashintong, etc… Es la versión más totalizante de la sustitución de íconos fundacionales. Así, no queda un solo territorio nacional sin renombrar. Con esta pieza cierra la serie que empezó con el ave nacional, siguió con el padre de la patria, el documento de identidad y la gesta fundacional. Entonces, queda el cuerpo completo de la nación, sustituido capa por capa.

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